Mitos y verdades

El estado de atención focalizada y concentración que experimenta una persona durante la hipnosis es un estado completamente normal y natural (como el que experimenta alguien que está absorto o sumergido en una actividad que le interesa mucho, como al leer un libro, ver una película, etc.) y por lo tanto, no entraña en sí mismo ningún peligro.

Por tanto, no hay nada de peligroso en la hipnosis como tal. Al igual que un bisturí en manos de un cirujano, la hipnosis es tan buena como lo es el profesional que la utiliza. La preocupación no debería ser respecto de que la experiencia –la hipnosis- haga daño a alguien, sino respecto de quién practica la hipnosis y cómo lo hace. Por eso, es importante que el proceso hipnótico sea facilitado por un profesional capacitado e incorporado a su colegio profesional respectivo.

Debido a que la hipnosis es un estado natural de predominio de las ondas alfa a nivel cerebral, es imposible que una persona se "quede" en hipnosis, ya que la persona simplemente está concentrada y absorta en la experiencia interna. Si la persona tiene sus ojos cerrados y desea abrirlos, lo puede hacer en cualquier momento. La persona siempre está en control de lo que sucede. Por tanto, la persona en hipnosis no esta inconsciente, ni dormida, ni bajo el control del quien lo hipnotiza. Inclusive, en muchas ocasiones, el paciente tiene una participación activa pues habla e interactúa con el profesional durante la sesión hipnótica.

Es importante aclarar que la hipnosis no es un tipo de terapia en sí misma. La hipnosis es una herramienta o técnica que se puede emplear en diferentes contextos y para diferentes objetivos. La hipnosis es una herramienta que pueden emplear diferentes profesionales en sus campos respectivos, como en psicología, medicina, enfermería, odontología, entre otras.